
Introducción
En este blog voy a intentar resumir mis experiencias en lo que he llamado “mi aventura de ser escritor”.
Una de las cuestiones que me intrigaron después de haber publicado mis primeros libros era saber que había llegado a ser, si había llegado a ser algo. Es decir, si era escritor o cualquier otra definición.
Según Real Academia Española (RAE), escritor es una persona que escribe, y autor es una persona que ha producido alguna obra científica, literaria o artística. Así, siendo términos afines, parece que autor es un término más amplio y el escritor está más enfocado a la acción de escribir. Por otra parte, un literato es aquél que se dedica a la literatura, siendo “literato” un sinónimo de escritor o autor literario. Esto, que puede parecer una cuestión baladí, era algo por lo que sentía curiosidad, en primer lugar porque me gusta ser preciso en el uso de las palabras y, en segundo lugar, porque he conocido a escritores que se reconocían como tales, otros como autores y otros como literatos y, por ello, me había asaltado la duda.
En mi página web figuro como autor, toda vez que también he producido obras artísticas de pintura. Así que ahora ya sé lo que soy o a lo que aspiro a ser.
En esta empresa, en la que me he metido más tarde de lo que hubiera querido debido a los condicionantes de mi vida personal y profesional, he hallado y sigo encontrando muchas más dificultades de las que me había imaginado. Unas de ellas son corregibles con una buena preparación, otras son abordables de alguna manera y otras, por desgracia, dependen de terceros y, por lo tanto, se escapan a cualquier solución que pueda arbitrar.
En los apartados siguientes, tal y como se puede leer en el listado de asuntos, trataré de explicar mi experiencia y comentaré las soluciones a las que he llegado para suavizar mi travesía en este encrespado mar que es tratar de ser escritor.
Además de escribir este blog con la esperanza de que mi experiencia pueda servir de utilidad a alguien más, estoy abierto a cualquier comentario que pueda ayudarme en mi empeño.
Las primeras ideas e ilusiones
Lo primero que pasa por la cabeza cuando se emprende esta aventura es que lo único que se necesita es un papel en blanco y un bolígrafo, o un ordenador, para desarrollar una idea a lo largo de un buen número de páginas sin más preparación. ¡Craso error! También se piensa en que se necesitará a “alguien” que publique nuestra obra, aunque en estas primeras instancias no se le da demasiada importancia y ahí no se percibe un gran problema. ¡Nada más lejos de la realidad!
Todas nuestras ilusiones se verán frustradas en el mismo momento en el que con una gran satisfacción escribimos el “fin” de nuestra primera novela, creyendo que la hemos terminado. Es entonces, en el momento en que comenzamos el proceso de publicación, cuando nos daremos cuenta de la realidad. Por muy buena que sea nuestra novela, sin la experiencia o guía necesaria, ni nuestra novela atenderá a los cánones esperados, ni habrá manera de publicarla siendo escritor novel y sin agente.
Así que, con estos mimbres, la aventura de ser escritor es más una vocación en la que debemos aspirar a ser nuestro único público y, con suerte, acabaremos vendiendo unos pocos ejemplares que, ni por asomo, compensarán nuestra inversión, sea la que sea. ¡Ah! Que creías que ser escritor es gratis. Pues no. Además de esfuerzo, estudio, dedicación, fuerza de voluntad para luchar contra las adversidades y muchas horas delante del papel, te va a costar una cierta cantidad de dinero que podrá ser desde unos pocos hasta unos miles de euros.
Y por si fuera poco, en esta era de las comunicaciones en la cual vivimos, habrá que añadir el complicado problema del marketing. Sí, el asunto del marketing también es tu problema.
Y, a pesar de todo esto, alguien se preguntará por qué sigo en el empeño. La respuesta es muy fácil. No, no es eso, no soy masoquista. Simplemente me gusta escribir y persigo mis ilusiones por muy peregrinas que puedan parecer. Si «rendición» está en mi diccionario, debe estar en la última página, a la cual todavía no he llegado.
El papel en blanco y la importancia de la lectura
El papel en blanco o la pantalla en blanco del ordenador representan el estado de la novela que queremos escribir. Se trata de crear, de la nada, todo un escenario con sus tramas y subtramas, personajes y lugares, de manera organizada y siguiendo unos cánones.
Crear algo desde cero no es que no sea fácil, sino que es muy difícil. Requiere una increíble creatividad y conocimiento. Un filisteo difícilmente podrá producir algo decente, si es que es capaz de escribir algo. Entonces nos asalta la pregunta, ¿seré capaz de escribir? La buena noticia es que, a no ser que seas un Cervantes, a todo se aprende; no obstante, indudablemente, para aprender hay que estudiar, y para ello debemos leer.
Las ideas pueden provenir de nuestras experiencias en la vida, de hechos que han sucedido, de conversaciones, de películas, … o de lecturas que hayamos realizado. Sin embargo, una novela no se escribe solo teniendo ideas; hay que saber expresarlas; se debe utilizar el lenguaje apropiado, seguir las normas de estilo, conocer el peso de las tramas y subtramas, realizar las descripciones necesarias, explicar los entornos y personajes, … y para realizar todo ello se necesita aprender y tener experiencia.
Tanto el aprendizaje como la experiencia provienen primero de los libros y después de la vida. Así que cuanto antes nos convirtamos en ávidos lectores, antes aprenderemos a escribir.
En este momento, llegamos a nuestra segunda pregunta: si hay millones de libros, ¿qué debo leer? La respuesta es fácil. Si quieres aprender a hacer algo, debes practicar esa actividad en concreto. Del mismo modo, si quieres escribir, por ejemplo, novelas de suspense, tendrás que leer novelas de suspense y no teatro o novelas de fantasía.
Entonces, llegamos al siguiente interrogante: pero si hay millones de novelas de suspense, ¿cuál leo? La respuesta es, otra vez, simple. Lee a los mejores, aunque sean de otro siglo. Ten en cuenta que no puedes comprar el tiempo, por lo que tienes que ser eficiente. Siempre aprenderás más de los mejores.
Conclusión, la herramienta para vencer a una hoja vacía y la mente en blanco, aprender nuevo vocabulario, estructuras y estilo narrativo, es la lectura de los mejores escritores, cualesquiera que sean sus nacionalidades.
Antes de empezar a escribir
En el momento que ya estamos preparados para comenzar a escribir nuestra novela, en ese instante que ya nos queman las ideas en las manos y estamos deseando abrir el ordenador y comenzar a teclear como locos, es entonces cuando debemos frenarnos y meditar sobre un detalle de gran relevancia si no queremos acabar perdiendo innumerables horas corrigiendo el continente en lugar del contenido de nuestra novela.
Se trata de prestar atención al formato en el que queremos publicar nuestro trabajo. Resulta incómodo, inoportuno, tedioso y parece que no sirve para nada, pero, si no lo planeas desde el principio, te pasarás horas corrigiendo tu novela cuando la hayas terminado. Y esas horas de corrección del continente te sacarán de quicio.
Por ello, antes de empezar a escribir, no solo debes tener claro cómo debe ser el formato de tu libro, sino que necesitas diseñar dicho formato al principio.
Imagínate, por ejemplo, que cuando has finalizado la novela te das cuenta de que los guiones que has utilizado para los diálogos no son los apropiados, o que los saltos de página o sección no están bien colocados, o las tabulaciones, o el tipo de letra… Todo esto que parece baladí y que te crees que con un simple clic lo puedes arreglar, puede influir en el estilo de los párrafos y te obligaría a cambiarlo todo línea a línea. ¿Te imaginas corregir los 400 folios de tu novela línea a línea solo por razones de estilo porque no has prestado atención a ello al principio? No te preocupes. Ya te digo yo lo que vas a sentir: desesperación. Y lo que te vas a llamar: estúpido.
Es mejor «perder» una hora en el diseño de tu hoja modelo y anotar tus reglas de escritura y seguirlas desde el principio que corregir todo al final.
Llegado a este punto, hay que meditar sobre el diseño de ambas estrategias: el modelo de hoja, y el formato y las. normas de escritura.
EL MODELO DE HOJA.
Debes pensar en cómo quieres que se publique tu libro y dónde. Aunque no lo parezca, no es exactamente lo mismo escribir en un formato A4 que un A5. Sí, el tamaño importa. Y tampoco es lo mismo diseñar la hoja para impresiones con formatos en centímetros o en pulgadas (por ejemplo, si públicas en Amazon deberás de adaptarte al formato de página americano).
Pero ¡si yo quiero publicar en todo el mundo! Claro que sí, y no es problema, Pero con un solo formato. Si cambias el formato, cambia la apariencia. Y las apariencias también importan.
Entonces ¿qué hacer? Bueno, no te preocupes, la sangre no llegará al río. Decide cual va a ser tu medio de publicación principal y formatea tu novela de acuerdo con sus características.
Siendo autor novel y sin capacidad o ganas de gastar ingentes cantidades de dinero en un libro que todavía no sabes si venderás, la mejor opción es escribir en formato de Amazon u otra plataforma de ese tipo que te permita la venta y distribución de tu novela sin costes iniciales.
Recuerda definir el tamaño de hoja, sus márgenes de impresión, su encabezado y pie de página, el tipo de numeración y su colocación en la página, y el alineado del texto en la página.
FORMATO Y NORMAS DE ESCRITURA
Aunque parezca inverosímil, depende de lo que se vaya a escribir se debe de usar un tipo de letra diferente. Es un asunto de marketing y ventas. Incluso el tipo de novela influye en el tipo de letra. Y, por supuesto, también influye el interlineado, que afectará en gran medida a la paginación.
Así que hay que definir el tipo de letra a usar y su interlineado de acuerdo con el libro que pretendas escribir. No es lo mismo un tipo de letra para una guía de viajes que para una novela; e incluso hay quien diferencia tipos de letra según los géneros de novelas.
Entonces, ¿cómo elegir la que mejor se adapta a tu publicación? Nada más fácil que leer algunas recomendaciones de las librerías y visitar algunas bibliotecas y librerías para echar un vistazo a las novelas actuales.
Además, deberás de pensar en cómo quieres empezar os capítulos, con qué tamaño de letra y especiado entre el título o número del capítulo y el texto.
En cuanto a las normas de escritura, hay que consultar las que necesitas recordar en la publicación correspondiente de la Real Academia Española (RAE), en caso de que escribas en español. Por ejemplo: el uso de los distintos tipos de guiones, el empleo de la cursiva, el secuencia de empleo de las diferentes comillas, el uso del sangrado, cómo realizar las citas textuales… Conviene anotar en una hoja las normas necesarias para no equivocarse y acabar corrigiendo uno a uno después de haber terminado tu libro.
Resumiendo, lo primero que tienes que hacer antes de comenzar a escribir es definir tu hoja y normas de escritura. En concreto deberás, al menos:
- Diseñar el tamaño de hoja, sus márgenes de impresión, su encabezado y pie de página, el tipo de numeración y su colocación en la página, y el alineado del texto en la página.
- Establecer el tipo y tamaño de letra y el interlineado lineal, tanto para el título o número del capítulo como para el texto.
- Anotar las normas de escritura de la RAE que necesitas recordar.
Escribiendo
Para escribir se necesita tener las ideas organizadas, especialmente las tramas y los personajes.
En cuanto a las tramas hay que establecer claramente cuál es la principal y cuáles las secundarias y darles el conveniente peso y extensión. Una trama secundaria no debería robar protagonismo a la trama principal. Si así fuera, habría que replantearse el foco de la novela y modificarlo convenientemente.
En cuanto a los personajes, no basta con disponer de una relación de nombres inicial. Es necesario disponer de unas fichas para cada uno de los personajes. En estas fichas se deben describir todas las características del personaje: aspecto físico, emocional, edad, tipo de trabajo o actividad, historia… en fin, su aspecto, sentimientos y vida. De esa manera nos daremos cuenta si nuestros personajes son parecidos o diferentes, y eso nos ayudará a modificarlos en caso necesario antes de comenzar a escribir. De lo contrario tendríamos que realizar la modificación de toda la novela una vez terminada.
Los personajes, al menos los principales, deberían atraer al lector tanto que podría identificarse con ellos. Por ello es necesario disponer de buenas descripciones y de personajes diferentes.
Otra hoja recomendable que se debe tener a mano es la relación cronológica de las ideas principales que se pretenden desarrollar a lo largo del texto. Eso ayuda a tener la mente organizada y prever la extensión de la. novela de antemano de acuerdo con tu capacidad de desarrollo de las subtramas.
En cuanto al desarrollo de las subtramas, hay que considerar que si estas son complejas o se relacionan con otras lejanas en el texto, conviene explicarlas o recordar a qué se refieren de manera que el lector no tenga que parase a buscar en las páginas anteriores de qué iba ese asunto. En este punto hay que tener cuidado y tratarlo con mucha atención para no ser repetitivo, lo que causaría el cansancio del lector. Se debe ser capaz de recordar su relación con una trama pasada o explicar lago ya expuesto con solamente una par de pinceladas que mantengan la mente del lector centrada pero sin cansarla.
Además de lo anterior, se debe decidir qué tipo de narrador vas a ser: equiescente u omnisciente. El narrador equiscente habla en tercera persona y limita su conocimiento al punto de vista, pensamientos y sensaciones de un solo personaje; el omnisciente también narra en tercera persona pero está fuera del argumento y sabe absolutamente todo sobre la historia.
También puedes optar por contar la historia en primera persona. En este caso, el narrador suele ser el protagonista y el personaje principal se encuentra directamente afectado por la evolución de los acontecimientos. No obstante también podría ser un personaje secundario quien cuenta la historia que gira alrededor del protagonista.
Sea cual sea tu opción, debes definirla desde la primera línea del texto.
Por otra parte debes mantener la atención del lector regulando la velocidad de la novela. Ten en cuenta que debes manejar el ritmo mediante el uso alternativo de narraciones, descripciones y diálogos. Las narraciones detalladas y descripciones profundas ralentizan la acción y crean atmósfera, mientras que los diálogos directos, cortos y dinámicos la aceleran.
Y, por supuesto, hay que disponer de un final con cierto grado de misterio o, al menos, no evidente para añadir un punto más de tensión al lector y mantenerlo enganchado hasta la última palabra. También podría finalizarse con una situación esperada, pero redactada de manera que atrajese la atención o el corazón del lector.
Después de escribir: las revisiones.
Inevitablemente deberemos revisar nuestro manuscrito antes de enviarlo a las editoriales o de publicarlo. Este proceso es más complicado de lo que parece por varios motivos.
Por un lado, autocorregirse no es nada fácil ya que nuestra mente leerá lo que quiere y no lo que debe. Incluso la lectura de nuestro manuscrito será más rápida que la necesaria para poder detectar nuestros propios errores ya que somos los autores y, después de unas cuantas lecturas, nos sabremos el manuscrito de memoria.
Una opción para suavizar este proceso sería contar con alguien que lo leyera con espíritu crítico y con quien tengamos la confianza suficiente para escuchar opiniones en contra de nuestro libro.
Por otra parte, si hemos establecido el formato adecuado antes de comenzar a escribir y nos hemos preocupado de seguir las reglas de escritura habremos ganado mucho tiempo y evitado una gran cantidad de quebraderos de cabeza. No obstante, nos quedará la visión de conjunto que proporcionará la óptica necesaria para detectar los siguientes asuntos a mejorar: hay que detectar las palabras que se repiten en líneas cercanas y substituirlas por sinónimos; se debe asegurar que la lectura es fluida y existe un hilo argumental claro; es necesario detectar las partes que se hacen lentas o difíciles de leer y modificarlas consecuentemente; se debería evitar que la primera letra de cada línea no coincidiese con la primera de la línea anterior y posterior (este es un asunto de estilo).
No nos debe extrañar que tardemos casi los mismo en realizar todas estas revisiones y correcciones que en escribir la novela. Así que debemos estar preparados mentalmente para asumir este proceso, ya que estaremos ansiosos de estar en condiciones de enviar nuestro manuscrito.
El proceso editorial
Una vez que hemos finalizado nuestro manuscrito, le henos revisado y ya está corregido y listo para airearlo a los cuatro vientos tendremos que hacer frente a una decisión importante: autopublicarlo o publicarlo con una editorial.
Obviamente la autopublicación no conlleva más trabajo que la preparación del documento para la plataforma elegida (normalmente Amazon) y conlleva la frustración en las ventas si no dispones de las capacidades de publicidad necesarias.
En cuanto al envío de tu manuscrito a las editoriales, aunque evidentemente conlleva, a priori, las ventajas de la publicidad proporcionada por la propia editorial, también nos conduce a la desesperación relacionada con los meses de espera de las respuestas de las editoriales, y sus negativas en la mayoría de los casos.
Además, el envío del manuscrito a las editoriales no es tan fácil ya que se debe acompañar de una propuesta editorial, la sinopsis, biografía del autor, primeros capítulos o una muestra de la novela, y los requisitos específicos que solicite la editorial (por ejemplo: novelas parecidas, audiencia objetivo, número de anteriores novelas vendidas si es el caso, …).
Para hacernos una idea, en el mejor de los casos podríamos esperar una respuesta a los tres meses.
Además hay que tener en cuenta que muchas editoriales no admiten manuscritos si no es a través de un agente editorial (que, por cierto, hay que pagar y no te da garantías de nada).
Conclusiones
Lo aquí expuesto refleja a grandes rasgos el esfuerzo y las dificultades a las que hay que hacer frente para llegar a publicar una novela y comenzar la aventura de ser escritor. La realidad es todavía mucho más dura, pero no he querido bajar al detalle en este blog ya que sería difícil de manejar. El ajuste fino lo estoy desarrollando en un libro que publicaré.
Como conclusión diría que comenzases esta aventura si estás preparado para recibir las negativas y tienes la paciencia suficiente para sobrellevar la frustración editorial, que no la de escribir.
Mi consejo es que lo tomes como una afición pero que seas constante. La experiencia es importante y algún día dará su fruto.
Si has llegado hasta aquí, te deseo la mejor de las suertes y espero que ni dejes de leer ni de escribir, sea cual sea el resultado de tus manuscritos.


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